La ascensión es el ritual por medio del cual el alma vuelve a unirse al Espíritu del Dios vivo, la Presencia YO SOY, mediante la aceleración con el fuego sagrado al concluir nuestra vida en la Tierra. Es el proceso por el cual el alma se fusiona primero con la conciencia crística y luego con la Presencia viva del YO SOY EL QUE YO SOY, habiendo saldado su karma y realizado su plan divino. Una vez que se ha hecho la ascensión, el alma –el aspecto corruptible del ser— se convierte en el ser incorruptible, un átomo permanente en el cuerpo de Dios, libre de la ronda de karma y renacimientos.

En realidad, el hombre es un espíritu llameante que descendió a un cuerpo físico para obtener maestría sobre las circunstancias y pruebas del día a día y su Yo inferior. Cuando ha vencido con éxito la voluntad humana, el yo humano, el intelecto humano, y los ha sustituido por sus componentes divinos, puede ascender al corazón del Padre: victorioso sobre el tiempo y el espacio.

La ascensión es el regalo de Dios. Nos es concedido más por Su gracia que por nuestras obras, aunque ambas son necesarias.

Ser miembro de alguna iglesia no garantiza per se nuestra ascensión. Los devotos de todas las razas y religiones han obtenido el regalo de la ascensión cuando han cumplido ciertos requisitos.

La llama de la ascensión es una llama de esperanza. Tenemos esperanza porque conservamos en nuestro interior el recuerdo divino de la ascensión de Jesús el Cristo. Nuestra alma recuerda que María, la madre de Jesús, y otros individuos desconocidos y anónimos han seguido también los pasos de Jesús como héroes y heroínas del mundo.

La ascensión de Jesús es la matriz de la ascensión de todas las demás almas. Su vida estaba destinada a ser un ejemplo para nosotros, así que estamos destinados a ascender, al igual que hizo él. Los misterios de la creación de Dios son muchos, y Jesús corrió para nosotros el velo de uno de los mayores misterios.

La ascensión es el deseo de Dios para todo el mundo, de modo que todo el Cielo –Maestros Ascendidos y Arcángeles— está listo para ayudar al hombre, la mujer y el niño que buscan expresar su verdadera identidad como hijos o hijas de Dios. Todo individuo debería acoger la oportunidad que se nos ha dado de seguir los pasos del Maestro. Jesús nos mostró el camino; y fue uno de tantos.

Es una intensa llama de fuego blanco con brillo cristalino. El lirio de pascua es el símbolo de la llama y su foco en el reino de la naturaleza. EL diamante blanco es su foco en el reino mineral.

La melodía de la llama es la Marcha Triunfal de Giuseppe Verdi, Aida, y la nota tónica del retiro es Liebesträume, de Franz Liszt. La melodía de Celeste Aida contiene la nota tónica del mismísimo Serapis Bey.”