Hay cuatro grupos de espíritus de la naturaleza. Conocidos en la tradición esotérica como “elementales”, se ocupan de las fuerzas de la naturaleza en los cuatro elementos.

Los espíritus de la naturaleza que sirven en el nivel físico se denominan gnomos. Millones de gnomos se ocupan de la Tierra por medio de los ciclos de las cuatro estaciones y procuran que se provea a todo ser vivo de sus necesidades diarias.

También procesan los residuos y derivados que son parte inevitable de nuestra vida cotidiana y limpian la Tierra de venenos y productos contaminantes que son peligrosos para el cuerpo físico de hombres, animales y vida vegetal, incluidos residuos tóxicos, efluvios industriales, pesticidas, lluvia ácida, radiación nuclear y todo abuso de la Tierra.

A nivel espiritual, los gnomos tienen una labor más difícil. Deben limpiar las huellas de la discordia y la negatividad de la humanidad, que permanecen a niveles energéticos de la Tierra. Guerras, asesinatos, violaciones, delitos contra la infancia, matanza y tortura sin sentido de animales, búsqueda de provecho a costa del medio ambiente, así como odio, ira, discordia, chismorreo; aspectos todos ellos que crean una acumulación de energía cargada negativamente, la cual constituye un peso sobre la Tierra y los espíritus de la naturaleza.

Los elementales cuyos dominios son el elemento agua se conocen como ondinas. Estos bellos y flexibles seres, parecidos a sirenas, son sutiles y veloces en sus movimientos y pueden cambiar de forma rápidamente. Controlan las mareas y tienen mucho que ver con el clima, así como con la oxigenación y la precipitación.

Las ondinas también limpian las aguas envenenadas por aguas residuales, residuos industriales, sustancias químicas, pesticidas y otras sustancias. Trabajan sin descanso para sanar los mares contaminados mientras recargan el campo electromagnético de las aguas con corrientes del Espíritu. Su cuerpo es conductor de tremendas corrientes cósmicas a través de las cámaras de la vida submarina.

Las ondinas no solo limpian las aguas físicas, sino ese aspecto de la vida humana relacionado con el elemento agua: nuestro mundo emocional y subconsciente. Llevan sobre su espalda el peso de la contaminación emocional de la humanidad, sentimientos que no están en paz, tales como ira, abusos emocionales, palabras poco respetuosas, egoísmo, ansiedad y excesos.

Los silfos se ocupan del elemento aire, dirigiendo el flujo de corrientes de aire y las condiciones atmosféricas. Purifican la atmósfera y oxigenan cada célula de la vida con el aliento sagrado del Espíritu. Son los portadores del prana sustentador de la vida que alimenta a todos los seres vivos. A niveles sutiles, los silfos transmiten las corrientes del Espíritu del cielo a la tierra.

Los silfos suelen tener un cuerpo delgado, etéreo, que se transforma grácilmente en multitud de formas mientras surca los aires. Los silfos pueden viajar a grandes distancias muy rápido, y los silfos gigantes pueden atravesar los cielos y penetrar los elementos tierra, agua y fuego. Cual transformadores gigantes, conducen las corrientes de la mente de Dios a la mente del hombre.

También trabajan para purificar el aire de agentes contaminantes –cualquier cosa desde tubos de escape de vehículos hasta humos tóxicos de fábricas y otros procesos industriales— antes de que estos puedan contaminar el agua y la tierra. El elemento aire corresponde al nivel mental de la vida, así que los silfos tienen también la tarea de purificar el plano mental, el cual puede ser contaminado por pensamientos negativos que alimentan el odio, la rabia, los prejuicios raciales, el fanatismo religioso, el resentimiento, el orgullo, la ambición, la codicia, los celos y otros venenos del espíritu.

El cuarto grupo de elementales trabaja con el elemento fuego y está formado por las salamandras. Su función es primordial, ya que sirven en el nivel atómico de toda vida orgánica e inorgánica, infundiendo los fuegos espirituales de la creación a las moléculas de la materia. Las salamandras imbuyen por completo a la creación de las energías del Espíritu necesarias para sostener la vida en la Tierra. Capaces de manejar los fuegos más intensos del átomo físico y los purificadores fuegos espirituales del Espíritu, las salamandras controlan la oscilación espiritual-material de la luz dentro del núcleo de cada átomo.

Ya sea por medio de electricidad, de la lumbre del fuego o de la llama de una vela, las salamandras son agentes que transfieren los fuegos del mundo sutil para uso diario de la humanidad. Sin la chispa de la vida que mantienen las salamandras, la vida y la materia empiezan a descomponerse, corroerse y desintegrarse.

Las cargas que abruman a las salamandras varían desde el peso del odio humano hasta los usos irresponsables de la energía nuclear. De no ser por las ígneas salamandras, que absorben y transmutan los enormes conglomerados de negatividad sobre las ciudades grandes del mundo, la delincuencia y la oscuridad estarían mucho más extendidas de lo que están hoy día. El sostenimiento de la vida –el aire que respiramos, el alimento que comemos, el agua que bebemos— es un asunto que damos por hecho. Sin embargo, en el nivel más básico, dependemos totalmente del servicio desinteresado de los espíritus de la naturaleza. El milagro de la vida es el milagro de los gnomos, los silfos, las ondinas y las salamandras.

Oración para sanar a millones de elementales

En el nombre de mi Presencia YO SOY y de mi Yo Superior y por el Amor, la Sabiduría y el Poder de la llama dentro de mi corazón, invoco la acción de transmutación por el fuego de mi ser, multiplicado por la llama violeta. Invoco esta acción en beneficio de toda la vida elemental. ¡Pido que esa porción de la llama que invoco y todo lo que YO SOY vaya ahora a curar millones y millones de elementales en la Tierra! Dedico mi corriente de vida a la liberación de toda vida elemental. Hago esto en el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo y de la Madre Divina universal. Y acepto que se cumpla en este momento con pleno poder de acuerdo a la voluntad de Dios. Amén.

Extraído del libro de Elizabeth Clare Prophet Los espíritus de la naturaleza. Cómo mitigar huracanes…(Porcia Ediciones, 2008).